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LA MIRADA

Su imagen rebotada en un cristal estaba empañada por una lluvia de otoño, las montañas se escondían ante su sonrisa y ya llegaba a la próxima estación. Pero al instante de abrirse las puertas el destino hizo que no le diese tiempo a salir y tuvo que quedarse para devolver a los mirones su rostro, aunque ahora era distinta; tímida, aturdida, había perdido a la mirada que la contempló más allá de las montañas.

EL SILENCIO

El silencio le hacía ocultar aún sus sentimientos, permanecía sentado hasta que por un impulso repentino abrió la puerta; miró hacia un lado y hacia el otro y su silueta invadía el espacio inerte en un segundo de esperanza, ¿volverá? Al final del pasillo se intuía una sombra que portaba una caja, la sombra desapareció cuando él rápidamente gritó hacia ella, después  rescató la caja que se dejó la sombra y permaneció de nuevo en silencio cuando la abrió. A continuación entró en su casa y sus sentimientos se tornaron en una breve sonrisa llena de nostalgia.

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